sábado, 3 de febrero de 2018

El censor convertido en suegro de Gunilla

El censor Luis Ortiz, después de cuarenta años salvando almas como martillo de herejes, acabó de suegro de Gunilla, porque su hijo -miembro de la banda de "Los choris"- era célebre en la Costa del Sol por sus artes amatorias. La paradójica historia del censor ya está casi terminada. El año que viene publicada en Un franquismo con franquistas.



Jaime de Mora y Aragón


Uno de los protagonistas de Un franquismo con franquistas es Jaime de Mora y Aragón. La reconstrucción de su trayectoria vital es un desafío para el investigador escéptico, pero los hallazgos me han permitido conocer la verdadera dimensión de un personaje tan excéntrico como singular. Os dejo su imagen como miembro de la nova canço con motivo de su estancia en Barcelona durante los años sesenta, pero no os recomiendo escuchar el disco. 



Un franquismo con franquistas

El nuevo libro, Un franquismo con franquistas, ya está en marcha y va por buen camino. El objetivo es hablar de la dictadura y de quienes la apoyaron, pero sin perder el sentido del humor para afrontar semejante mediocridad. Por lo pronto, recordemos al dictador en esta tesitura digna de una sonrisa.





jueves, 11 de enero de 2018

Suelas gastadas entra en un debate

Suelas gastadas, mi último libro, está participando en el debate acerca de algo tan antiguo como son las noticias falsas o inventadas. Lo malo de muchas novedades es que no lo son, salvo en las apariencias:

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/periodismo-ficcion-20180110004459-ntvo.html




miércoles, 27 de diciembre de 2017

Entrevista en Viaje al centro de la noche (RNE)

Amaya Prieto, la responsable de Viaje al centro de la noche, me invitó a hablar de la felicidad durante la cultura del franquismo (minuto 30 en adelante). Me divierte haber entrado en antena a los sones de la banda sonora de Sor Citroën, aunque sea para recordar que la España de los sesenta no fue una comedia protagonizada por Gracita Morales.

http://www.rtve.es/alacarta/audios/viaje-al-centro-de-la-noche/viaje-centro-noche-viajamos-porque-vida-tombola-2-24-12-17/4389820/


domingo, 3 de diciembre de 2017

Una nueva reseña de Suelas gastadas

José Ramón Giner, amigo y periodista, ha publicado una reseña de Suelas gastadas en el suplemento Artes y Letras del diario Información (30-XI-2017). Reproduzco a continuación el texto:



Miradas
PERIODISTAS DE AYER

José Ramón Giner


Yo llegué a conocer el periodismo de calle, un género que ya muy pocos deben practicar en la actualidad. Al contrario de lo que sucede hoy, la noticia no llegaba entonces hasta la mesa de las redacciones, y eran los propios periodistas quienes debían procurársela. Provisto de su cuaderno y su bolígrafo, el reportero salía cada mañana a la calle para no regresar a la redacción hasta media tarde, con las notas garabateadas de su trabajo. Como sucedía con el jazz de la época, el periodismo de aquellos años tenía mucho de improvisación. Las redacciones todavía conservaban un punto de bohemia que el avance imparable de la tecnología barrería unas décadas más tarde. Aquellos hombres habían hecho suya la respuesta de Chesterton —"señora, yo no sé nada: soy periodista"— y la exhibían con orgullo.
El profesor Juan Antonio Ríos acaba de publicar un libro, Suelas gastadas (*), en el que evoca a algunos de aquellos reporteros. No estamos —no se asuste el lector— ante uno de esos textos académicos que rehúyen deliberadamente la amenidad para fingirse serios. Hace tiempo que el profesor Ríos decidió abordar la escritura desde un plano más libre, más personal, sin perder ningún rigor por ello. Los suyos son trabajos de investigación, sí, pero lejos de ese supuesto carácter científico que han abrazado los estudios de humanidades y que tanto nos hace reír a algunos. ¿Hay algo más ridículo que un humanista tratando de imitar la objetividad de las ciencias?
No todos los protagonistas de Suelas gastadas son reporteros, en el sentido habitual de la palabra. Entre sus personajes hay periodistas en estado puro —Ignacio Carral, Luis Carandell, Xavier Vinader, Luisa Carnes—, pero también escritores como Francisco Candel o Vizcaíno Casas; incluso un verso suelto como Luis Cantero, a caballo entre el periodismo y la picaresca, que haría su carrera en las revistas del Grupo Zeta. Pese a las diferencias que existen entre ellos, todos presentan un punto común: son gente que para escribir pisa la calle, es decir, periodistas que hablan de lo que ven, de lo que conocen y no de lo que alguien les ha contado o de las notas que facilitan los gabinetes de prensa.
El libro del profesor Ríos no es sólo una evocación del trabajo de aquellos hombres que pisaron la calle para escribir sus crónicas. Es, también, una crítica al periodismo tal y como se practica hoy. Una crítica a la que no le faltan razones si pensamos que los últimos informes del Instituto Reuters muestran que algo más de la mitad de los lectores de prensa españoles no cree en la independencia de los medios de comunicación. Culpar en exclusiva de la situación a los periodistas y las empresas tal vez no sea del todo justo. A fin de cuentas, la prensa de una época es el reflejo de su sociedad. En cualquier caso, tiene razón Ríos cuando escribe que a los protagonistas de su libro "un periodismo a base de declaraciones de los mismos de siempre, gabinetes de prensa como inevitables filtros, tuits o píldoras de un pensamiento corto y reacciones compulsivas, nunca les hubiera fascinado."

(*) Suelas gastadas. Periodistas y escritores en tiempos de cambio (II República y Transición). Juan Antonio Ríos. Renacimiento - Publicaciones de la Universidad de Alicante.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Ignacio Martínez de Pisón escribe acerca de Suelas gastadas

Ignacio Martínez de Pisón, en su columna de La Vanguardia (24-XI-2017) ha escrito sobre Suelas gastadas:
Periodistas
Existe algún tratado sobre la historia del periodismo en España, pero no creo que exista ninguna historia de los periodistas españoles. El día en que alguien se decida a escribirla tendrá por fuerza que acudir a los libros de Juan Antonio Ríos Carratalá, acaso el investigador actual que más ha contribuido al rescate de las viejas historias de los viejos periodistas. En Hojas volanderas, libro suyo de hace seis años, desempolvaba la peripecia de varias figuras de la Segunda República. Uno de ellos era el antifascista vallisoletano José Luis Salado, que durante la Guerra Civil convirtió el articulismo en una virulenta arma de combate (no por casualidad su sección se titulaba “Tiros al blanco”). Otro era el catalán Mateo Santos, que el 19 de julio de 1936 se puso detrás de la cámara para dejar testimonio de lo que, para los anarquistas como él, era el comienzo de la revolución. Otro, el falangista bilbaíno Jacinto Miquelarena, un humorista ligero y elegante que acabaría lanzándose en París a las vías del metro...
Cuando uno se pone a escarbar en el pasado, suele ocurrir que una historia te lleva a otra historia y ésta a otra y a otra. Tomo prestado el símil de Andrés Trapiello, que escribió que a veces un libro es como un cesto de cerezas, del que no puedes sacar una sin que arrastre otras, que a su vez, etcétera. En Hojas volanderas contaba Ríos Carratalá algunas historias que arrastraban otras historias que sólo en su nuevo y muy reciente libro, Suelas gastadas, han alcanzado un desarrollo pleno. Por ejemplo, la del valenciano Luis de Sirval, que sería encarcelado en la Asturias revolucionaria de 1934 y moriría en prisión asesinado por un legionario de nombre tan rotundo e improbable como Iván Ivanoff.
A veces la relación entre dos historias es de analogía. Suelas gastadas indaga en los paralelismos existentes entre el periodismo de la Segunda República y el de la Transición, separadas por cuatro décadas pero unidas por una atmósfera común de ebullición social y transformación política: en definitiva, la República no fue sino una Transición que acabó mal (y viceversa). Así pues, no puede extrañar que el columnismo de los años treinta prefigure el de los setenta, y las viejas “notas parlamentarias” de Sirval habrían señalado el camino a quienes durante la Transición practicaron la crónica parlamentaria, entre los que destaca el nombre del barcelonés Luis Carandell. ¿Cómo no recordarlo en la televisión de los primeros años ochenta, con su frente despejada, su media sonrisa y esa voz rasposa que parecía relativizarlo todo? Era Carandell un periodista de sólida cultura y humor fino que desarmaba a los pomposos y los solemnes. Poseía además el raro don de caer bien, y la gente recordaba lo mucho que se había reído con su Celtiberia Show, ese escaparate en el que quedaban a la vista las vergüenzas de la España del desarrollismo, como la multa impuesta a un joven asturiano por “carraspeo al paso de la autoridad” o el cartel de “Se hablan idiomas por señas” que colgaba de la puerta de un restaurante para turistas.
Otro de los protagonistas de Suelas gastadas es el gran Xavier Vinader, del que se recuerda sobre todo el calvario judicial sufrido a primeros de los años ochenta. La historia es conocida: en 1980 Vinader fue acusado nada menos que de inducción al asesinato después de que ETA matara a dos ultraderechistas que aparecían mencionados en uno de sus reportajes. Vinieron luego la condena a siete años de prisión, la huida a París en busca de refugio, las masivas campañas de apoyo, el acuerdo final por el que el gobierno accedía a indultarle tras una estancia de dos meses en Carabanchel...
Si a Luis Carandell no llegué a conocerlo nunca, con Xavier Vinader sí tuve cierta amistad. Lo visité por primera vez en el año 2006. Por entonces andaba yo metido en la redacción de una novela sobre un confidente policial en la Barcelona de la Transición, y el productor Pedro Costa, para quien acababa de escribir un guión, me pasó el teléfono de Vinader y me recomendó que le llamara. Pedro Costa (muerto el año pasado, un año después que el propio Vinader) había sido periodista antes que cineasta, y la amistad entre ambos se remontaba a la primera etapa de Interviú. El reportaje con el que Vinader había debutado en la revista se titulaba “Cómo se fabrica un confidente”, así que ¿quién mejor que él para asesorarme para mi historia? Con una generosidad y una paciencia ilimitadas, Vinader no sólo resolvió mis dudas y compartió conmigo sus experiencias sino que me puso en contacto con personas de su confianza que también podían ayudarme, entre ellas algunas a las que por mí mismo no habría tenido acceso, como un antiguo inspector de la Brigada Político-Social que me dio no pocos detalles sobre la represión de finales del franquismo. Me ha alegrado reencontrarme con Xavier Vinader en las páginas de Suelas gastadas y descubrir que también a su autor, como a mí mismo, lo atendió y ayudó “sin perder nunca la sonrisa”.